La Nevada

Ayer nevó y todo el paisaje que nos rodea amaneció repleto de nieve, de pronto el imaginario de cada día parecía distinto, como si fueran otros árboles, otras montañas, casi que otros animales también. Y hasta las casas que nos rodean parecían distintas, simplemente parecían otras, quizás habitadas por otras familias, personajes desconocidos para nosotras. No nos cruzamos con nadie pero seguro que los habitantes de este nuevo paisaje hablan lenguas desconocidas, nunca escuchadas. Durante un rato, un olor nauseabundo a carne chamuscada se extendió por los campos, atravesando el bosque más cercano y nos encerramos en casa, extrañadas y un poco asustadas también. Carne humana, me decías, huele a carne humana asada. No vimos salir humo de la casa del maligno pero algo nos hacía pensar que ese olor venía de allí.

La niebla volvió a ser protagonista por la tarde, algo extraño en nuestra zona y entonces sentíamos que formábamos parte de un cuento invernal, quizás de algún lugar lejano. Fuimos caminando con las perras hasta el lago, por senderos a cada paso más estrechos y los árboles blanquecinos nos susurraban No hay certezas en el fondo del lago, no hay certezas en el fondo del lago. Los susurros se confundían con el crujido que hacían nuestras pisadas en la nieve, y alegres gritábamos al aire. ¿Quién quiere certezas? Nosotras buscamos a la incertidumbre y seguimos bajando por el camino de siempre, que ahora era otro y cuando llegamos, el lago parecía más sombrío que de costumbre, los fantasmas lo atravesaban. Mañana amanecerá helado, comentamos estremecidas por el aire gélido que emanaba. Las perras comenzaron a ladrar y el cuervo blanco nos avisó, hay que volver a casa.

El frío empezó ha subirnos por los pies, se enganchaba a los tobillos y cuando nos dimos cuenta, casi nos agarraba el alma.

Final posible 1

Echamos a correr, subiendo un camino que se congelaba a cada paso y sentíamos un dolor profundo, como de vacío, un dolor oscuro, que son los peores, porque sientes que algo se apaga en lo más profundo de ti. La tristeza se mostraba cruda y descarada.

¿Y ahora qué? ¡Hay otro camino! Me dijiste. Y nos pusimos a cantar una rima tonta que un día alguien nos tarareó.

El amor es fuego

Calienta pero no quema

Las brasas del alma

Espantan la pena

Ay que rico fuego

Con sabor a hierbabuena

la sangre es la lava

Que alimenta mis venas

Y cantando y corriendo, llegamos a casa, alegres y agotadas. Encendimos la estufa, nos pusimos el pijama, hicimos una tortilla de patata y achuchadas en el sofá, nos quedamos dormidas entre una galga guapa y un bello gato que siempre huele a caca. Todas las animalas dormimos largo rato. Y fuera de casa, la noche helada.

Final posible 2

¡Salta! Me dijiste y de un brinco nos lanzamos al lago, fuimos a lo más profundo, como empujadas por una fuerza gravitatoria. Los árboles blanquecinos tenían razón, nos hay certezas en el fondo del lago, pero este, estaba habitado por todo tipo de seres curiosos y de animales que no conocíamos. Y buceamos, con una agilidad que no esperábamos, entre tritones y serpientes de dos cabezas. La serpiente se paró unossegundos delante de nosotras y sus dos cabezas nos miraron fijamente, una nos sonreía y la otra parecía amenazante. Que paradoja, pensé por un instante, en realidad todas tenemos dos cabezas que nos contradicen continuamente. Seguimos buceando buscando una salida. La rana de pirita nos guiñó un ojo, la salida del lago está por allí, nos dijo sonriente y señaló una puerta que se ocultaba entre algas espesas y verdosas.

“Deleznable humanidad” decía el cartel que enmarcaba la puerta. Si, esta es nuestra salida, comentamos a la vez. Entonces abrimos la puerta, nos sobrevino una luz cegadora, un disparo de nieve. Y salimos, aunque quien dice salir, dice entrar, y nos dimos cuenta que estábamos cerca de casa. Y las perras aparecieron de la nada, ladrando y moviendo el rabo.

Llegamos a casa agotadas. Encendimos la estufa, nos pusimos el pijama y calentamos el puchero. Un delicioso aroma ancestral invadió primero la cocina y luego el salón y después subió por la escalera y recorrió todas las habitaciones. Esta noche soñaré con mi abuela, te dije. Y fuera de casa, la noche helada.

Final posible 3

Echamos a correr y correr y correr, y corrimos tanto que durante un buen rato, vimos a nuestros corazones latiendo fuera de nosotras, estaban delante, rebotando por el bosque entre latido y latido. Y cuando subimos a lo más alto del camino, decidimos parar a coger aliento. Pero el aliento no quería entrar, teníamos el alma helada y el corazón rebotando por el bosque. Sólo nos queda convertirnos en árbol, dijimos, echar raíces aquí, hasta que nuestros corazones regresen y el aliento, como viento del este, nos devuelva el calor del alma.

Estuvimos así un tiempo indeterminado, una eternidad, corta y larga, siendo dos arbolitos posados en una loma con vistas al Montseny. Las perras nos visitaban y también otros animales de los bosques que nos rodean. Y vimos ponerse el sol, vimos muchas lunas menguante y muchas creciente y muchas lunas llenas, todas distintas. Y crecimos, también la corteza de nuestra piel de arbolito, más dura, más fuerte. Los pájaros tenían largas discusiones sobre nuestras ramas y a nosotras nos hacía mucha gracia. Nos salieron hojas pequeñas, verdes, muy bonitas y cada invierno las dejábamos caer. Un buen día los corazones regresaron para contarnos sus aventuras, habían recorrido muchos mundos y ahora querían volver a casa. La niebla se disipó y una brisa cálida nos atravesó de arriba a abajo. Llegamos a casa como quien regresa de unas largas vacaciones, con la misma añoranza.

Encendimos la estufa, nos pusimos el pijama, las animalas nos seguían por toda la casa, alegres y curiosas. Tostamos dos grandes rodajas de pan, cortamos queso y pusimos música. La felicidad aparece en los momentos más sencillos. Y fuera de casa, la noche helada.

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